sentido común



Me acuerdo que en primer grado descubrí la amistad cuando conocí a Carolina. Carolina fue mi mejor amiga de la escuela, de las pocas y de las mejores. Sus hermosos rulos marrones generaban todo tipo de sensaciones, se transformaban perfectos bucles si los peinaba mojados y jugaba a la Pantera Rosa luego del lavarropas, si los peinaba en seco.

Carolina era esa única persona con la que me entendía a la perfección y con el tiempo consolidamos una complementación natural: ella matemáticas, yo lenguas; ella ciencias naturales, yo historia; ella jonatito, yo albertito, y así todo...

Además de esa cercanía nos unía el mismo barrio. La distancia que separaba mi casa de la suya, cinco cuadras exactas, se convirtieron en un viaje péndular entre Warnes y Scalabrini y Corrientes y Malabia; la heladería y el Parque Centenario...

Con el devenir del tiempo -principalmente primaveras y otoños- cada una fue desarrollando diversas aptitudes e intereses. A Carolina se le dio por aprender los nombres de las calles y adquirió rápidamente un sentido de la ubicación espacio-temporal apabullante. Sobresalía en sus conocimientos en profundidad sobre avenidas, pasajes, cortadas y calles sin nombre. Sabía de alturas, de manos, de dobles manos, de bajadas y subidas, de paralelas y de puentes. Acumulaba en su memoria numerosos recorridos de las diversas líneas de transportes y combinaciones entre ellos muy originales que se extendían a lo largo y ancho de la ciudad. Pero su mayor virtud radicaba en la posibilidad de ubicarse siempre, en abstracto, en hipótesis.

Aunque por momentos me sentía privilegiada al dejarme derivar por toda la ciudad sin sentir la necesidad de ubicarme, acostumbrábamos intercambiar caminos. Mientras Carolina era capaz de producir una estrategia donde los recónditos paisajes urbanos eran atravesados con precisión y certeza, mis propuestas estaban fundadas en intuiciones, evocadas por anécdotas o cercanías asociativas o meros caprichos intrinsecos.

En general elegíamos sus ideas, pero también las mias eran utilizadas cuando no cargábamos en nuestras espaldas con tiempos ajustados.

Si se daba la ocasión, en la que tenía que ir sola hacia algún lugar y me desorientaba, me decidía simplemente en preguntar a cualquier transehunte o lugareñx como llegar a destino.

Sin embargo un día, me dio un consejo para llegar en momentos claves a lugares precisos, me dijo: "viste tu sentido común, bueno, para el otro lado".

Quizá ella no lo sepa, pero esa frase marcó mi vida desde ese día y para siempre.

Ahora, trato de entender si es que realmente cada una de mis acciones pueden caber en el axioma.

Si para hacer las cosas bien debería hacerlas de manera inversa a como las pienso...

Si los caminitos de la vida se hacen, haciendolo, creandolo...

¿Qué lugar ocupa la intuición?

Para carolina mi sentido común va para allá y mi intuición para acá.

¿Cómo resolverlo?
pienso:
Todo es diferente y cambia.
Todo puede ser diferente y cambiar.
Todo puede ser igual y perdurar.
Todo es igual y perdura.

Las cosas son complejas, inacabadas, inexplicables y sinposibilidaddeformularse.

Un plan.
Idea que guíe
y que haga vivir-vibrar al camino.


.::Aprender a aprender...
de lo imprevisible...
de lo inconmensurable::.


::((Por suerte ahora hay guias T, hay comoviajo.com, hay personas que ayudan-acompañan-guian))::


No desespero por saber donde termina Rivadavia (o donde empieza) igual no lo sé.

Inventar- intentar ver mas allá de eso que está o de eso que hay o de lo que se es.


(sin moraleja posible)

1 comentario:

S dijo...

Me encantó. Estaría bueno que Carol lo leyera, no?